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Borda y Moyano: Necrológicas del alienismo en la Argentina

Existen varias maneras de hacer ingresarla historia en el campo de las discusiones actuales en salud mental, a fin de obtener un panorama más claro del origen de las tendencias en pugna. Sin embargo, ¿cuál sería un método que nos funcione para acercarnos a algo tan inabarcable como el pasado, sin caer en lecturas parciales? Las reseñas que se leerán a continuación tienen como eje la restricción del análisis a dos momentos muy puntuales en la historia, particularmente a dos días en que murieron dos personajes renombrados de la psiquiatría argentina.

Esta metodología es la de elección con frecuencia en medicina que, incluyendo la psiquiatría, durante mucho tiempo tendió a ilustrar a sus figuras mediante la apelación a las necrológicas y en todo caso al estilo de aquéllas, José T. Borda y Braulio Moyano han dado el nombre a los dos emblemas de la psiquiatría asilar del país: los hospitales psiquiátricos de varones y mujeres (respectivamente) de la ciudad de Buenos Aires. Estos hospitales albergaron siempre más del millar de pacientes, aunque también algunos profesionales. La vida de los alienistas transcurría muchas veces dentro del hospicio. Esto no se trata de una metáfora de la dedicación, sino de un hecho: el psiquiatra solía vivir dentro del manicomio, luego de los primeros fracasos en controlar la situación de los enfermos cuando el profesional se retiraba a su casa.

José Ingenieros relata que con frecuencia el alienista se enteraba por la mañana que los cuidadores de los enfermos habían cerrado las puertas del establecimiento durante la noche, retirándose a descansar sin cuidar de ellos. Esto pudo haber sido el puntapié para que los alienistas pasaran a internarse en los asilos, con un objetivo de control a la vez que científico, puesto que la idea era lograr un acercamiento que permitiera un mayor conocimiento semiológico de los diferentes tipos de pacientes. De allí la clasificación que Borda realizó se utilizara durante muchos años, hasta la adopción, décadas después, de la clasificación de Ramón Carrillo.

Para acercarnos a estas cuestiones es que estudiaremos las muertes de Borda y de Moyano, para enterarnos de lo que ellas produjeron en la sociedad de ese momento, a partir de las publicaciones de ese día, semana o mes, en los medios de comunicación tanto generales (diarios de Buenos Aires) como especializados (publicaciones científicas). Partimos del análisis de dos generaciones de psiquiatras bien emparentadas entre sí. Si bien Moyano continúa viviendo en el hospital psiquiátrico, después de él esta tendencia parecerá entrar en decadencia. La cuestión será entonces si esto nos permite establecer qué cambios ha seguido la lógica manicomial en nuestra sociedad.

Los reclamos por una mayor vigilancia dentro de las instituciones psiquiátricas habían obtenido importantes logros, como la fundación de una primera Escuela de Enfermería Psiquiátrica en el año 1900. Sin embargo debemos saltar una generación para encontrar una respuesta más satisfactoria que adjudicar la internación del alienista sólo a una necesidad de la atención de los servicios.

José Tiburcio Borda heredó la dirección del Hospicio de las Mercedes así como de la cátedra de Clínica Psiquiátrica de las manos de Cabred. Tuvo su vivienda en el hospital que hoy lleva su nombre. Veamos qué se dijo de la muerte de este personaje:
El Dr. Raitzin, 3 de julio de 1943, deja designado el pabellón 2 de la Colonia Cabred (en Open Door) con el nombre de Borda. “Se sirvió almuerzo y los asistentes disfrutaron de las instalaciones de la institución, que sigue creciendo… Todavía no se ha comprendido suficientemente toda la importancia social que tienen los que viven así su vida y para quienes el cumplimiento del deber es más un estado de conciencia que una obligación”.

Fuera de los círculos médicos, realicé una búsqueda en tres diarios de circulación masiva en la Argentina: Crítica, La Prensa y La Nación. Revisé los ejemplares desde el día de la muerte (7 de septiembre de 1936) y del mes, encontrando apenas una cita en el La Nación del día de su muerte. Este diario destaca la clasificación de Borda como su mayor aporte. Relata que comenzó como practicante de una Casa de Aislamiento y que su “dedicación laboriosa” lo llevó a “estudiar con ahínco”. En 1897 (año de su graduación) entró como médico “interno” en el Hospicio de las Mercedes, hasta que en 1916 asumió como director “interino” durante 5 años, en que se jubiló. La noticia de su muerte causó “viva impresión de pena en los círculos médicos”.
Veamos qué dice la Academia Nacional de Medicina a la que Borda había entrado el año de su jubilación. Las autoridades de la Academia han designado una comisión integrada por los miembros de la Corporación Dres Mariano Castex y Mariano Alurralde para velar sus restos, y al nombrado en último término para que haga uso de la palabra durante el acto del sepelio.
La estadía de Borda dentro de su hospital no duró hasta su muerte. Si bien el sepelio está dirigido por los alienistas, nos encontramos con que la necesidad de vivir allí dentro había respondido a una época en que Borda realizaba su clasificación de enfermedades mentales.

La clasificación de la “alienación mental” que Borda realizó en el tiempo que pasó en el hospicio tiene como eje la anatomía patológica. Esta clasificación se utilizará durante muchos años, dejando atrás la de Gonzalo Bosch y Lanfranco Ciampi (cuyo eje era la autonomía psíquica del paciente), hasta la adopción, décadas después, de la clasificación sanitaria de enfermos mentales de Ramón Carrillo.

A Borda, esta clasificación le valió nada menos que el mote de “El mayor psiquiatra de formación anatomoclínica del país” según Bonhour, en la página de la revista Psiquiatría donde también rescata que Borda se formó al lado de Cabred y de Jakob.
Con este último, médico alemán a cargo del Laboratorio de Clínica Psiquiátrica en el Hospicio de las Mercedes, Borda aprovecharía para hacer trabajos anatomo-clínicos influyentes. Sin embargo el alienista argentino estaba lejos del ejemplo de vida de Jakob, quien fue un gran viajero. Desde Ventura Bosch (fundador del Moyano y del Borda) a Cabred los viajes a Europa fueron constantes, con el objetivo de buscar inspiración a sus administraciones sanitarias. Sin embargo, anteriores referentes de la psiquiatría tuvieron sus excursiones extramurales, como Jakob, quien recorrió buena parte de la Patagonia, existiendo actualmente hoy un lago con su nombre -por haber sido de los primeros exploradores describirlo.

A su regreso de una estadía en Europa, Jakob volvería a instalarse en el Hospital de Alienadas, inaugurando un nuevo laboratorio que dirigiría por varios años y donde comenzaría la formación de un nuevo discípulo: Braulio Moyano. Según una nota necrológica de Outes, Moyano pasaría un tiempo en Europa trabajando en el laboratorio de Spatz. Cuando regresa, se haría cargo del laboratorio de las Mercedes. A partir de allí dividiría su tiempo entre los dos manicomios. En el de Alienadas fijaría su domicilio, en este caso sí, hasta el día de su muerte.

No encontré noticias de Moyano en los diarios de circulación masiva ni al día siguiente ni durante el mes de su muerte, en julio de 1959. Sí abundan las notas necrológicas en los periódicos especializados –revisé los mismos periódicos, con la diferencia que Crítica ya no se publicaba, por lo cual lo reemplacé por el Clarín de la misma fecha, sin hallar referencias.
Más allá de la cita de Outes en la revista Psiquiatría, tenemos acceso a los fragmentos que, según Mariela Szirko, este psiquiatra habría descartado de su discurso recordatorio a Moyano en el año 1984 –lo que no se habría atrevido a leer. Nos confiere así Outes una semiología de Moyano, diferida algunas décadas:

“Era robusto, pícnico, de abultado abdomen, de gran cabeza y amplia y despejada frente. Lo que mas llamaba la atención en él era lo poco que hablaba. Un mes antes de su muerte lo vi más delgado y más solitario que nunca. Se pasaba largo rato mirando a través de los ventanales del Laboratorio en dirección hacia la Residencia, como ausente. (…)

Murió de una hematemesis grave producto de una cirrosis, pues era de buen comer y de buen beber. Fue conducido al Hospital de Gastroenterología y allí falleció rápidamente rodeado de familiares y unos pocos amigos.”
De hecho la descompensación de Moyano habría tenido lugar mientras se trasladaba de un hospital a otro, cayendo enfermo en la vereda de la manzana del Borda.

Y así volvemos sobre algunas frases de Outes en su artículo de Psiquiatría, acerca de las fundamentaciones de la vida dentro del hospicio y sus consecuencias:
“Buena parte de nuestro más sólido conocimiento sobre el sistema nervioso se ha realizado dentro de los hospicios”, repetía sin cesar.

 “Algunas veces le había oído comentar cuán jóvenes suelen morir los hombres jóvenes que, como él, pasaban su vida en un Laboratorio de Patología Cerebral.”

Moyano fue velado en la capilla, según la lógica de su vida. Outes agregará: “El espectáculo del féretro rodeado de las enfermas mentales… era conmovedor”.

En conclusión, José T. Borda y Braulio Moyano han dado el nombre a los dos emblemas de la psiquiatría asilar de Buenos Aires. ¿A qué se habrá debido esta falta de eco en la sociedad de la muerte de Moyano, a diferencia de lo ocurrido con Borda, quien apareció en los diarios? ¿Es posible que algo estuviera cambiando en cuanto a la identificación de los referentes científicos para la sociedad? La vida de un alienista siempre parece exceder la posibilidad de acompañar los cambios de las épocas, es decir, es evidente en más de un momento de la historia que ella va más rápido que lo que un alienista puede llegar a evolucionar –siendo que los cargos al frente de los hospitales solían casi vitalicios.

Restan algunas otras hipótesis al respecto del cese de interés de los alienistas en vivir en sus asilos. A pesar que éstos siguen llamándose como Borda y Moyano, hubo algunas variaciones en las instituciones. ¿Será que historizar este capítulo de transición puede arrojar algo de luz sobre los procesos de reforma actuales? ¿Qué es lo que quedaría adentro una vez que el alienista tomara distancia? El tratamiento inicialmente psiquiátrico en exclusivo se ramificaría con los años, en una historia de evolución de diferentes disciplinas. A la vez diversos dispositivos grupales e individuales que sostuvieran una práctica artística, cultural y comunitaria tomarían lugar en la escena.

A continuación veremos algunas hipótesis al respecto del cese de interés de los alienistas en vivir en sus asilos. A pesar que éstos siguen llamándose como Borda y Moyano, hubo algunas variaciones en las instituciones. ¿Qué es lo que quedaría adentro una vez que el alienista tomara distancia?

Hasta aquí, hemos delineado nuestro objeto de estudio, que es la expresión de la lógica manicomial encarnada en las dos partes de sus actores sociales: enfermos y profesionales. ¿Qué sucederá con esta tendencia de vivir junto a los pacientes dentro del mismo establecimiento? ¿Qué nos dice esto acerca de la situación actual? ¿Cuál es la vigencia o decadencia de las ideas manicomiales en la sociedad?

A medida que el médico volvió a retirarse de los establecimientos, no se retornó (al menos en la intención) al momento caótico de cuando los alienados permanecían sin ningún tipo de cuidado nocturno. De hecho, esto sólo sucedió cuando se produjo la primera serie de normativas acerca de la introducción de los derechos humanos en los asilos. Si bien la denuncia de Clifford Beers por los establecimientos norteamericanos fue en la primera década del siglo XX, recién en 1953 la OMS decreta que todo manicomio debe convertirse en una comunidad terapéutica. En la década de la muerte de Moyano es cuando se comenzará a introducir talleres de pintura, musicoterapia, danza, grupos de teatro, talleres literarios, espacios comunitarios como radios, festivales gastronómicos, y una serie de dispositivos culturales que no habían logrado hasta allí la entrada masiva instituida en el asilo. Allí sólo existía un nexo, cada vez más vago, con la cultura del trabajo y la laborterapia con los peculios que habían sido estipulados en las primeras décadas del siglo XX, a partir de Cabred. Pero formas de expresión artística, hasta allí inaccesibles para los alienados, ahora entran en lo que una estructura más flexible de comunidad terapéutica permite.

¿Qué relación hay entre la locura y esta incursión, este llamado a los dispositivos culturales? Una vez que el alienista abandona la casa, sigue dejando dentro al embajador de sí: permite la entrada de la cultura, que queda por lo tanto encerrada tras los muros. Un artista se encuentra dentro del hospicio, coordinando un taller, se dedicará sólo a los alienados. El artista podrá haber aprendido afuera y seguir practicando su arte afuera, adonde es posible una mezcla de gente de mayor o menor psicopatología. Pero estar adentro del psiquiátrico imprime al dispositivo una insignia nueva: la adaptación a la alienación. La introducción de los derechos humanos es complementada con este tipo de movimientos: la idea de que es posible adaptar el ambiente manicomial a algo más digno, una vez que la batalla contra la locura ha fracasado y que los higienistas y eugenistas no lograron la profilaxis de la psicosis que tanto habían anhelado. Entonces, ¿hay una cuestión de piedad residual que empuja la cultura allí donde por definición no hay acceso a ella? ¿Es en el arte donde está la posibilidad de establecer un contacto social que los alienados puedan maniobrar? Las ideas, gobernadas por el alienismo, dejan la marca de la barrera que encarnan, con el límite espacial que definen. Un adentro acondicionado con lo que querrían los de afuera.

¿Será que la historia puede servir para futuras construcciones? Asistimos en Argentina desde hace algún tiempo a una modificación en esta distribución espacial. Si cada vez hay mayor posibilidad social de articulación de redes, se intenta aprovecharlas como carriles por donde realizar una externación. Mientras tenemos aún grandes proyectos metidos dentro del asilo, a la misma vez se empieza a mirar hacia afuera y la necesidad de abandonar el modelo centralizado que hizo de las comunidades terapéuticas, modelos asilares. Una reforma institucional pasa a ser una promesa de salida de la repetición de antiguos modelos, en que un centro manicomial era el eje nuclear de varios tipos de prácticas. Este proceso de transformación, a veces repentino en determinados países o regiones, ha adoptado en Argentina un ritmo bastante gradual, a lo que se podría agregar la heterogeneidad según la zona en cuestión.

Las ideas, gobernadas por el alienismo, dejan la marca de la barrera que encarnan, con el límite espacial que definen sus muros. Un adentro acondicionado con lo que desearían los de afuera –en caso de ingresar- continuó delineando la geografía de intervención. Pasarían décadas hasta adquirir la noción de regreso de los dispositivos intramurales a la sociedad, el abandono del asilo y la apertura mediante un abordaje territorial, que aún se encuentra en proceso. 
 

Bibliografía

 

  • Editorial de la Revista Médico Quirúrgica, Año I, Nro 18, pag 316
  • La Nación, 7 de septiembre de 1936, pag 10.
  • Bonhour, A. (1960) Fallecimiento del Dr. Braulio Moyano, Psiquiatría, Nro 2  pag 137 
  • Eguía, C. (1871) El Dr. V. Bosch, Revista Médico Quirúrgica, Año 7 N 22 pag 347
  • .Ingenieros, José (2005) La locura en Argentina. Buena Vista editores, Serie Literatura Olvidada, Córdoba, Argentina
  • Outes D (1960)  Braulio A. Moyano, Psiquiatría 1960 3, número 1, pag. 109
  • Outes D. (1995) Braulio Aurelio Moyano Electroneurobiología Vol. 2 (1), pp. 79-124;
  • Raitzin, A (1943) Homenaje a la memoria de los ex profesores Dr Domingo Cabred y Dr José T. Borda Revista de la Asociación Médica Argentina, Julio de 1943, pag 447

  Trabajo presentado en el Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos de 2007 por el Dr. Beines