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Repensando nombres (diagnósticos) y lugares (dispositivos)

Lic. Yanina A. López

Quisiera a partir de este trabajo poder compartir algunas preguntas en torno a lo que se piensa como “lo nuevo” en la clínica de hospital de día y que lugar ocupa el dicho dispositivo en estos casos a partir de un breve relato clínico. Pero primero algunas disgresiones…

En el momento en que me encuentro escribiendo este trabajo, creo que me es útil partir desde algunas preguntas básicas acerca del dispositivo de hospital de día: el por que de su origen, el cuando y el para quien. Es entonces que me vienen a la memoria cuestiones como que el hospital de día fue pensado originariamente para adultos, en un momento en que se necesitaban economizar recursos (entiendas esto por un tratamiento en donde se pudiesen atender a un numero considerable de pacientes). ¿Cómo pensar un hospital de día pensado para niños y adolescentes, psicóticos en su mayoría? Creo que es el concepto de estructura clínica, el de la psicosis, el que puede servir para pensar algunas cuestiones y también para plantear algunas preguntas.

Desde allí, el hospital de día acerca la posibilidad de reconstrucción de un lazo social posible y la posibilidad de circulación entre diferentes espacios a partir de las transferencias múltiples.  Grupos, talleres, espacios de terapia individual, distintos profesionales, horarios estipulados, lugares de espera y lugares de trabajo, son parte integrante del gran escenario montado para el tratamiento de la psicosis. Ahora bien, ¿de que se trata a una psicosis? ¿En que consiste un tratamiento desde el psicoanálisis para la psicosis?  Nadie podría decir que un tratamiento es solo lo que ocurre dentro de un consultorio, prueba de ello son los espacios que componen el dispositivo de hospital de día, además de cierta prescindencia del psicótico para con el analista y los profesionales en general. En el tratamiento de la psicosis se trata un exceso, se intenta limitarlo, que no lo invada todo, que éste no tome todo el cuerpo de ese niño dificultándole su lazo con el mundo. Pienso al hospital de día para niños y adolescentes psicóticos en primer lugar como encarnando la Ley y al Otro Social. La estructura clínica de la psicosis fundamenta entonces este armado y esta direccionalidad a los tratamientos, al dispositivo en su totalidad.

Me pregunto como podría pensarse esto mismo en niños en donde la estructura clínica no está del todo clara, o bien por dificultades diagnosticas del profesional o bien quizá porque aun no ha terminado de cristalizar, y en donde es la patología orgánica lo que prima en la presentación de ese niño en particular. Acaso sea ésta una de las tantas formas de pensar lo nuevo en la clínica de hospital de día. Niños con importantes patologías orgánicas que han sobrevivido gracias al avance de la Ciencia  pagando un precio por esto: en sus cuerpos, en sus aparatos psíquicos. Y no sólo ellos, sino también los padres o aquel adulto en función, para quien cae algo del niño idealizado. ¿Qué consecuencias tiene esto? ¿En que lugar queda el retraso mental, acompañante favorito de muchos de estos casos y término medico por excelencia, concebido desde el sujeto y sus operaciones psíquicas fundantes?

Quizá nos aporte algunas respuestas para el trabajo clínico, el pensarlo como posición, tal como lo formula M. Mannoni  o simplemente como un proceso de subjetivación demorado, alejado en mas o en menos de la norma que marcan los hitos evolutivos.

Hay un niño delante de nosotros que nos parece que no comprende del todo lo que le decimos, que las palabras que usa son pocas si las tiene, que emplea una sintaxis simple, nos mira, nos demanda, se familiariza rápidamente con nosotros, arma escenas de juego sencillas y por momentos fugaces también puede ser que se desconecte de nosotros. ¿Que decir de este niño, ahora nuestro paciente imaginario? ¿Desde donde entender su debilidad, más allá de lo descriptivo?

Podría abordarse la cuestión de la debilidad como un desfasaje  entre simbólico y real; hay un organismo que crece, al que le pasan cosas, y la posibilidad de subjetivación de eso mismo queda a destiempo. Un destiempo cuyas consecuencias son mayores que el desencuentro estructural, que lo hay entre lo real y lo simbólico,

¿Podrá entonces considerarse para estos casos, en donde existe la mayor parte de las veces una debilidad en juego, que en el tratamiento el desarrollo de ese niño toma un lugar preponderante? Entiendo el desarrollo como el necesario devenir del tiempo para que las operaciones psíquicas fúndanles acontezcan.

¿Cómo ubicar el trazo de su debilidad? Arriesgo que el término “debilidad mental” no solo debiera usarse para nombrar a alguien que queda por fuera de la norma de los hitos evolutivos. ¿Que es “lo débil” y a que condiciones de estructura responde?
Por último, y retomando mi inquietud inicial, ¿Cuál es el lugar de un dispositivo de hospital de día para estos casos? ¿Cómo pensar el tratamiento desde aquí? Una primera aproximación sería aquella que nos permitiría pensar de dos formas la debilidad mental: como una entidad que nombra a alguien por fuera de la norma, para quien solo resta el tratamiento educativo, o como un nombre de una posición subjetiva. Aún más, en niños en donde la primacía del cuerpo estando afectado por una patología orgánica está siempre en escena. Habrá que ubicar cierta particularidad de la debilidad mental en estos niños, si es que la hay, así como se ha hecho en relación a la psicosis, para pensar entonces el lugar de un tal dispositivo en estas ocasiones.

Fragmento del trabajo presentado en las “Jornadas de Hospital de Día Carolina Tobar García”, Jornadas Hospitalarias, Junio 2009.